miércoles, 4 de enero de 2017

La Mejora de La Educación de Massimo Reccalcati

La introducción plantea con brevedad el tema y hace casi una llamada de socorro en favor de una Escuela que se ha extraviado por completo, prácticamente. "No respira, apenas cuenta ya en absoluto, renquea, es pobre, está marginada, sus edificios se caen a pedazos, sus profesores se ven humillados, frustrados, ridiculizados, sus alumnos han dejado de estudiar, Se muestran distraídos o violentos, defendidos por sus familias, caprichosos y procaces, su noble tradición está en irremisible decadencia. Decepcionada, angustiada, deprimida, no sólo nadie le otorga reconocimiento, sino que es criticada, ignorada, violada por nuestros gobernantes, que han recortado cínicamente sus recursos y han dejado de creer en la importancia de la cultura y la formación que ésta debe defender y transmitir" (página 11). El profesor, el padre, las personas adultas ya no son ninguna referencia y mucho menos su palabra. La época anterior ha terminado, no cabe añorarla, porque no va a volver. Hay una crisis sin precedentes. Y en medio de todo ello la Escuela tiene que seguir siendo la transmisora del saber: "debe mantener viva la relación erótica del sujeto con el saber" (página 13). No puede desaparecer, si queremos que perviva lo humano y no se extinga.

Pensemos en lo que ha sido capaz de hacer el neoliberalismo y su pedagogía liberal. Ahora se trata de enseñar a los estudiantes a resolver problemas, cuando lo que habría que hacer es enseñar a planteárselos. Nos encontramos aquí por "una concepción meramente cientificista y utilitarista del saber" (página 24). ¿Cómo hemos podido llegar a esto?

La Escuela, según Recalcanti, es consecuencia de tres complejos. LaEscuela-Edipo era la tradición, la autoridad y la fidelidad al pasado. Todo estaba jerarquizado y se mantenía gracias a un modelo pedagógico correctivo-represivo. Al alumno había que formarlo (darle forma). Así, hasta las protestas del 68 y el 77, cuyo objetivo fue transformarla y cambiaria

Luego vino la Escuela-Narciso con la afirmación de uno mismo y la eliminación de cualquier límite. Los únicos objetivos son los del rendimiento y la competición, mientras "desfallece la palabra" (página 38). Se ha roto la relación profesores-padres, quedándose sólo el profesor, que busca compensarlo pareciéndose a los alumnos en un "falso igualitarismo" (página 37).

Por último, está la Escuela-Telémaco, que busca restituir la función del docente y reconstruir su figura para que pueda impulsar sueños en la juventud que los ha perdido. El ideal es ahora "el del maestro-testimonio que sabe abrir mundos a través del poder erótico de la palabra y del saber que ésta sabe vivificar" (página 45).

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